Las teorías que auguran que la producción mundial de crudo tocará próximamente su máximo posible (para ya sólo poder caer) se difuminan por el acceso a nuevos yacimientos gracias a las nuevas tecnologías de extracción. Ahora empiezan a tomar forma, en cambio, otras teorías que lo que anticipan es que en los próximos años será la demanda global la que alcance su máximo y el mundo consumiría cada vez menos petróleo.


Son muchos los expertos, y también advenedizos, que han alimentado durante décadas el temor a un agotamiento cercano, o incluso inminente, de las reservas de petróleo. Los defensores de la teoría del peak oil anticipaban que en algún momento difícil de determinar con concreción (hay quien lo esperaba para finales del siglo pasado y ahora hay quien lo augura para no muy tarde del actual) la producción mundial de crudo alcanzaría su máximo potencial y, una vez superado, ya sólo podría caer de forma constante. Con una oferta de petróleo en declive y una demanda que se intuía permanentemente creciente, los precios se dispararían hasta límites desconocidos y la economía mundial estaría en serio riesgo de colapso. Un desastre, vaya.

El debate sobre el agotamiento del petróleo ha sido casi una constante desde mediados del siglo pasado e incluso se ha avivado intensamente desde principios de los 2000. Siendo obvio que las reservas de crudo del planeta son evidentemente finitas, el momento en que el globo alcance ese pico fatídico de producción máxima parece cada vez más lejano, o al menos poco inminente. Los nuevos avances tecnológicos en exploración y extracción han dado acceso a yacimientos antes imposibles de aprovechar. Las nuevas técnicas de perforación en aguas muy profundas y las de aprovechamiento de hidrocarburos no convencionales (el tan polémico fracking) parecen que alejan el temidísimo peak oil.

Difuminados parcialmente esos miedos sobre un colapso de la producción petrolífera, ahora, por el contrario, empiezan a tomar forma las estimaciones que apuntan en otro sentido. Lejos de esperar un pico máximo de la oferta mundial de crudo, algunos analistas ya anticipan para los próximos años la posibilidad de que sea la demanda de petróleo la que agote su potencial de crecimiento, y que el consumo de crudo toque techo para después estancarse y más tarde incluso caer de manera sostenida. Del pico de oferta al pico de demanda.

¿Más crudo? Puede, pero sólo los emergentes

Hasta el momento, los grandes centros de análisis del sector energético y las mayores compañías petrolíferas mantienen sus previsiones de que a medio y largo plazo la demanda global de crudo seguirá creciendo y, sin grandes sobresaltos, la producción podrá seguirle el ritmo gracias a las reservas conocidas y las de nuevo cuño.

El mundo consume actualmente unos 90 millones de barriles de crudo cada día (b/d). La Agencia Internacional de la Energía (AIE) augura que se rozarán los 100 millones de barriles en 2035. La Administración de Información de Energía de Estados Unidos (EIA) mantiene su previsión de que se consumirán 98 millones b/d en 2020 y hasta 112 millones en 2035. La petrolera británica BP anticipa que la demanda alcanzará los 104 millones b/d en 2030. Y la estadounidense Exxon incluso lleva el incremento del consumo de crudo hasta los 113 millones de barriles en 2040. Diferentes magnitudes, pero todas crecientes.

El escenario macro que, muy básicamente, sostiene todas estas previsiones es el que anticipa que serán las economías emergentes las que sostendrán la demanda total de crudo. Como ya sucede actualmente. Los países más desarrollados, singularmente EEUU y los europeos, llevan años reduciendo su consumo de crudo, y no sólo por la crisis, sino también y muy especialmente por los avances en eficiencia energética. Y las estimaciones que anticipan que la demanda mundial de crudo seguirá creciendo sin cesar se apoyan en la previsión de que los emergentes, con China e India a la cabeza, mantendrán de forma sostenida su creciente sed de petróleo.

Un pico, pero de demanda

Sin embargo, algunos analistas han empezado a dibujar un nuevo escenario en que el consumo mundial de petróleo, lejos de crecer de manera continua, puede incluso empezar a reducirse en apenas unos años. “La combinación de la acelerada sustitución del petróleo por el gas natural y las mejoras ya en marcha en ahorro de energía son suficientes para prever que el crecimiento de la demanda de crudo puede llegar a su tope mucho antes de lo que los mercados esperan”, advierte el centro de análisis de Citi en un informe publicado con el provocativo título de Global oil demand growth. The end is nigh (‘Crecimiento de la demanda global de petróleo. El final está cerca’).

Los analistas de Citi manejan un escenario base en que, si no se produjeran grandes cambios estructurales en los ritmos de consumo de crudo, la demanda mundial llegaría a 2020 un 9% por encima de los niveles actuales, hasta alcanzar cerca de 98 millones de barriles diarios. Sin embargo, el centro de investigación del banco augura dos nuevas tendencias de peso que hacen improbable que se llegue al final de la década con esos niveles de consumo: el cada vez mayor peso del gas natural en la economía global, en detrimento del petróleo, y la creciente apuesta por la eficiencia energética en todos los campos, pero sobre todo en la automoción y el transporte. El resultado: el consumo se estancará por debajo de los 92 millones de barriles antes de 2020. Y ése sería el potencial máximo de la demanda global. El análisis de la evolución futura del sector energético y las consecuencias que para el consumo mundial de crudo anticipa Citi son muy similares a las descritas en otros informes recientes, como los de las consultoras estratégicas estadounidenses Boston Company y Ricardo. El primero centrado en desactivar los miedos a un desajuste grave entre oferta y demanda (su título despeja dudas, ‘El fin de una era: la muerte del peak oil), el segundo abiertamente volcado en anticipar que el pico del consumo de crudo llegará antes de 2020 y que la demanda irá cayendo progresivamente en los años posteriores.

Más gas y más eficiencia

El mundo parece dispuesto a engancharse al gas natural. La revolución de los hidrocarburos no convencionales ha disparado las reservas conocidas, y aprovechables comercialmente, de gas pizarra. Ese boom del shale gas está ahora claramente encabezado por Estados Unidos, pero otros muchos países aspiran a sumarse a la nueva industria. En paralelo, la rápida extensión del uso del gas natural licuado (GNL) promete facilitar la expansión del uso del gas gracias a que, una vez transformado en líquido, ya no dependerá para su distribución exclusivamente de la construcción de gasoductos, sino poder utilizar barcos para llegar a todo el mundo.

Los analistas de Citi consideran que el gas natural irá ganando terreno al petróleo en los próximos años gracias a su utilización en cada vez más sectores económicos. El gas ganará la partida al crudo en la industria petroquímica o en la generación de energía, y tendrá cada vez más peso en la automoción y en el transporte, lo que permitirá reducir el consumo de crudo en 3,5 millones de barriles diarios antes de 2020.

En paralelo, los esfuerzos por fomentar la eficiencia energética serán cada vez mayores, y seguirán teniendo una especial incidencia en el campo de la automoción. Los nuevos modelos de automóviles y los grandes camiones irán reduciendo el consumo de combustible. Según las estimaciones de Citi, gracias a los nuevos vehículos la eficiencia energética vinculada a la automoción irá creciendo a un ritmo de un 2,5% por año y, con ello, el consumo global de crudo caería en otros 3,8 millones de barriles al día en 2020.

Los expertos que anticipan un pico de demanda, y no de producción, también entienden que serán las economías emergentes las principales responsables de sostener el consumo mundial en niveles similares a los ahora conocidos. Pero no contemplan que la demanda de China o India mantenga los ritmos de crecimiento de los últimos años porque también se verán afectados por el afán de mejora de la eficiencia energética (China también empieza a implementar políticas serias en materia de consumo de combustible en la automoción, por ejemplo) y de sustitución del crudo por gas en muchos procesos.

Fuente: expansion.com

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