Hace tres años que empezaron a abrir las primeras electrolineras en Santiago, en medio de una entusiasta apuesta a favor de las energías no contaminantes.

La primera abrió en junio de 2010 en El Corte Inglés. El Ayuntamiento se sumó a la iniciativa instalando una segunda en el aparcamiento de Xoán XXIII, en octubre de ese mismo año. Una última electrolinera vio la luz en el concesionario Noyamóvil en junio de 2012, como punto de recarga para la flota de vehículos eléctricos del plan Mobega, que pretendía extender el uso de la movilidad eléctrica por Galicia.

Sin embargo este proyecto no funcionó, y poco más de un año después Noyamóvil desenchufó su electrolinera. Las otras dos, aunque siguen funcionando, llevan tres años desiertas. Y es que, a pesar de las múltiples ventajas de los vehículos eléctricos, estos no han tenido una gran aceptación entre el público. La escasez de puntos de recarga, la pobre autonomía de los coches y su alto precio en relación con los automóviles de gasolina han disuadido a los posibles compradores. Incluso una de las gamas más famosas de híbridos, la Prius de Toyota, ha contado con ventas discretas. Su modelo Plug-in, que dispone de 25 kilómetros de autonomía eléctrica, solo ha vendido cuatro unidades en los últimos ocho meses en Santiago. Cifra que no parece tan baja teniendo en cuenta que el precio del Prius Plug-in ronda los 35.000 euros.

Con tan pocos automóviles eléctricos o híbridos circulando por las carreteras santiaguesas, no es de extrañar que las electrolineras de la ciudad estén siempre vacías. Esto las ha convertido en inversiones desperdiciadas (cada cargador de Xoán XXIII costó 20.000 euros) que ni siquiera han empezado a amortizarse. Santiago es un gran ejemplo de que, a pesar de las ventajas medioambientales de la movilidad eléctrica, esta no está resultando atractiva. Claro que las empresas que apuestan por esta energía no lo hacen por motivos económicos, sino porque, como señaló el director de comunicación de El Corte Inglés de Galicia, José Manuel Blanco, existe un «interés por contribuir a la reducción de emisiones de CO2 y favorecer el respeto por el medio ambiente». Un respeto que no se está demostrando a través de la movilidad eléctrica.
Es por ello que las gasolineras están ahora empezando a apostar por el GLP, más barato y menos contaminante que la gasolina.

Fuente: lavozdegalicia.es

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