España está empezando a adquirir la cultura del coche impulsado por gas. En 2017, casi 4.000 conductores compraron su coche con este tipo de combustible, según los datos oficiales de la DGT, y otros 4.000 adaptaron el que ya tenían.

El coche a gas puede utilizar un combustible GLP (Gas Licuado de Petróleo o autogas), procedente del petróleo, reconocido como combustible alternativo al diésel o gasolina y utilizado en todo el mundo por más de 25 millones de usuarios; o GNV (Gas Natural Vehicular). Este último es un combustible fósil, no derivado del petróleo, compuesto fundamentalmente por metano. Tanto su forma comprimida, la más extendida (GNC o Gas Natural Comprimido), como su forma licuada (GNL o Gas Natural Licuado), son alternativas sostenibles a la movilidad.

Gonzalo de Miguel, especialista en el área, explica que “hace casi 25 años que muchos autobuses urbanos y camiones se mueven mediante GNC”. Y añade que “tampoco el GLP es algo nuevo porque estuvo mucho tiempo en uso exclusivo para el taxi”. Sin embargo, el problema fundamental es que “en España solo existen hasta el momento 57 ‘gasineras’ para repostar GNC. Dos de ellas están en Zaragoza”. Aunque, según asegura, “la idea es llegar a 100 a corto plazo”. Por el contrario, los vehículos con GLP disponen de unos 600 puntos de suministro en todo el país. Como él mismo explica, “si se hace bien la conversión, se mantienen las prestaciones. Es un vehículo totalmente seguro”.

Ahora mismo, según la misma fuente, los vehículos pueden ser de tres tipos. En primer lugar puede tener un motor 100% de gas, aunque casi siempre se utiliza en camiones o autobuses, no en coches. Por otro lado, puede ser un motor ‘bi-fuel’, que funciona indistintamente con GLP o GNC y con gasolina. Es decir, arrancan con gasolina y luego funcionan a gas. En el caso de los vehículos de GLP, el conductor elige manualmente conducir con gas o con gasolina, mientras que los vehículos de GNC siempre funcionan a gas, excepto en el arranque y cuando el vehículo se queda sin gas. Si se da esta circunstancia, el vehículo pasa automáticamente a modo gasolina, sin que el conductor tenga que activar este sistema, pudiendo circular de esta manera muchos kilómetros. La tercera posibilidad es el motor con tecnología Dual-Fuel. Aquí se mezcla gas con diésel en unas proporciones adecuadas. Esta tecnología se utiliza transformando los motores diésel de tecnología avanzada en vehículos pesados. En ninguno de los tres casos se podría decir que son híbridos porque no hay dos motores. Es uno adaptado.

Factores a tener en cuenta en la transformación

El hecho de transformar el vehículo puede aportarnos una serie de ventajas como son la disminución de la contaminación; el etiquetado ECO de la DGT, con la posibilidad de dejar de sufrir restricciones en ciudades como Madrid o Barcelona o circular por los carriles Bus-VAO (Vehículos de Alta Ocupación); y el ahorro en combustible, ya que, como explica De Miguel, “un vehículo con GNC y Gasolina puede realizar 600 km con 20 euros de combustible y alcanzar autonomías extendidas de Gas-Gasolina de hasta 1300 km, y uno de GLP, usando solo gas, unos 550 km, aunque depende del depósito”.

Sin embargo, no todos los motores se pueden transformar ni todos los coches que se transformen llevarán la etiqueta ECO. Para poder convertir un coche a gas tiene que tener un motor de gasolina que cumpla la normativa EURO 3 (puesta en marcha en el año 2000) o las superiores. Y para conseguir el etiquetado ecológico tiene que cumplir la normativa EURO 4 (con entrada en vigor en el año 2005) o las que vienen después.

Hay que tener en cuenta que esta transformación se podrá realizar en talleres o centros autorizados y que los motores diésel no podrán transformarse, ya que solo con la tecnología Dual Fuel y en vehículos pesados es posible mezclar en ciertas proporciones el GLP o GNC con el diésel. El especialista recomienda informarse bien para evitar problemas con la instalación, la ITV o las garantías. El precio se establecería alrededor de los 1.000 y 2.500 euros.

Ambos combustibles se repostan en la zona habitual del vehículo. En este caso, hay dos bocas de llenado diferenciadas, tanto en el coche de GNC como en el de GLP.

Dependiendo del uso que le demos al vehículo, nos interesará adaptarlo a gas. Los ahorros de combustible están en torno al 40%. Cuanto más kilometraje hagamos, más rentable nos saldría la conversión. Lo que hay que tener en cuenta es que la oferta y la demanda de este tipo de coches es cada vez mayor, por lo que posiblemente, venga para quedarse.

Fuente: heraldo.es