A la par que la gasolina y el diesel han experimentado notables subidas de precio estos últimos años, el consumo de gas licuado del petróleo (GLP) –comercialmente conocido como autogas- ha ido incrementándose.

Menos emisiones contaminantes, pero sobre todo un coste económico que puede llegar a ser entre el 20% y el 40% inferior respecto a los combustibles más utilizados, ha motivado a cada vez más conductores y empresas a pasarse al autogas. La consecuencia es que en tan solo tres años se ha casi cuadriplicado en España el número de automóviles que utilizan GLP, unos 20.000 en la actualidad. Fuentes del sector señalan que el parque de vehículos que circulan con este combustible podría alcanzar los 200.000 en 2017.

Otro síntoma que demuestra el auge de este tipo de carburante es que, según el Ministerio de Industria, a través de la Corporación de Reservas Energéticas (CORES), el consumo en el mercado español de autogas registró un aumento medio del 22% en 2012, y en lo que va de año, dicho incremento se sitúa en el 30% respecto al ejercicio anterior. No obstante, la gasolina y el diesel continúan siendo los combustibles más utilizados en el país, con una cuota de mercado superior al 90%.

Los expertos en automoción consultados coinciden en que el GLP es una fuente de energía tan segura como la gasolina o el diesel. “Pedimos a los mecánicos que se formen pertinentemente para hacer las conversiones de gasolina a GLP”, comenta el secretario general del Gremio de Talleres de Barcelona, Lluís Camarassa, en alusión a lo sucedido hace unos días en la ciudad condal donde un taxi híbrido que funcionaba con autogas estalló. “Es un caso puntual”, señala, al parecer causado, como explicó el responsable del taller porque el conductor desobedeció la recomendación de no repostar gas hasta que llegara una pieza que faltaba para finalizar la conversión.

La incursión del autogas en el mercado

Hasta el momento, taxis y vehículos de alta gama son los principales compradores de kits de conversión. Pero la tendencia está cambiando en el sentido de que cada vez hay más particulares que se interesan por el GLP.  Camarassa comenta que a pesar de que actualmente son muy pocos los talleres preparados para hacer este tipo de instalación, la previsión es que vayan en aumento en los próximos años. Sin embargo, señalan que también ha crecido el número de fabricantes de la industria del automóvil que lanzan al mercado nuevos modelos con el depósito de autogas ya incorporado.

Además del precio, otra de las ventajas del GLP –una mezcla de butano y propano- es que es más respetuoso con el medio ambiente, es decir, que emite menos dióxido de carbono y óxidos de nitrógeno que los motores convencionales y no libera partículas como las emitidas por los motores diesel, que son cancerígenas. “El verdadero ahorro del GLP –con respecto al diesel o la gasolina- es la fiscalidad ventajosa que tiene”, arguye Lluís Puerto, responsable técnico de la Fundación RACC. En este sentido la Unión Europea ha congelado la presión fiscal para este combustible hasta 2018. Sin embargo, explica que “las administraciones públicas intentarán que la fiscalidad se vaya trasladando al vehículo GLP, Gas Natural y eléctrico para no perder ingresos fiscales”, pero que si esto ocurre, también se incrementará más la presión impositiva para los combustibles tradicionales.

Pocos puntos de repostaje

Puerto apunta a algunos aspectos negativos del autogas, como es la escasez de puntos de recarga, “que tradicionalmente ha sido bajísima”. Por lo que aconseja, a la hora de decidirse o no por este carburante, “tener muy clara la red de reportaje que hay durante el recorrido habitual que hacemos con el vehículo”. En este sentido, fuentes de Repsol, la compañía con la mayor apuesta en GLP en España, indica que “el mapa de puntos de repostaje de autogas crece contínuamente”. La compañía cuenta con más de 211 estaciones de servicio que ofrecen al público el repostado de autogas y estima que en 2017 habrá en el mercado español unos mil puntos de suministro.

Cómo se hace la conversión a GLP

Fuentes del sector señalan que la instalación de un sistema de GLP en el vehículo sale a cuenta para los conductores que recorren entre 25.000 y 30.000 kilómetros anuales y que, de momento, solo es posible llevarla a cabo en los automóviles que funcionan con gasolina. La conversión consiste en el añadido de un depósito adicional, que suele ocupar el lugar de la rueda de repuesto del automóvil, de una válvula de expansión y la sustitución de algunos manguitos. A pesar de la instalación de un depósito de gas, el vehículo continúa manteniendo el tanque de gasolina y cuenta con un dispositivo que permite pasar de un combustible al otro, a conveniencia del conductor.

Otras alternativas a los combustibles tradicionales

Por otro lado, el responsable técnico de la Fundación RACC añade que, además del GLP, existen otros tipos de fuentes de energía alternativa. Este es el caso del gas natural, que aunque tiene una menor implantación en el mercado que el autogas, contamina menos la atmósfera de las ciudades, o bien del vehículo eléctrico, cuyas principales limitaciones son el alto precio de los vehículos así como su poca autonomía. “La opción que triunfará a la larga es la más limpia”, se muestra convencido Lluís Puerto, y concluye: “Habrá una transición en que cada vez habrá menos diesel y gasolina y más propulsiones alternativas, como el GLP, el gas natural concentrado y la electrificación”.

Fuente: lavanguardia.com

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