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Hubo un tiempo en el que tener un coche y conducirlo era algo más: el automóvil era un transporte y una extensión de nosotros mismos.

En un momento como el actual, en el que estamos acelerando para cumplir los ambiciosos objetivos de reducción de emisiones de CO2, tener un coche acarrea impuestos elevados, combustibles caros y atascos.

Sin embargo, con la ayuda de las nuevas funciones digitales, las tecnologías más baratas y las tendencias que marcan los famosos y el mundo del deporte, la industria está encontrando la forma de que volvamos a enamorarnos de conducir.

El transporte por carretera supone el 16% de las emisiones de CO2 en todo el mundo, de ahí que la industria auto-movilística se sitúe a la vanguardia de la carrera internacional hacia un uso más limpio y eficiente de los recursos. De hecho, la nueva y exigente legislación de la UE establece que los coches recién salidos de la cadena de produc-ción deben cumplir un promedio de emisiones de CO2 fijado en 95 g/km en 2021, frente a los 127 g/km actuales y los 172 g/km de 2000.

Parece, pues, que las autoridades se han fijado como objetivo a largo plazo los tubos de escape sin emisiones. Desde 2000, los fabricantes de automóviles han tenido bastante éxito y han elevado la eficiencia del motor de combustión interna convencional aproximadamente un 25% en Europa.

Sin embargo, a juzgar por las restrictivas legislaciones sobre CO2 que pronto verán la luz en todo el mundo, esto es solo el principio. Y como no basta simplemente con ser conscientes de ello, los fabricantes de automóviles han ampliado sus miras para dar cabida a los sistemas alternativos de propulsión en sus flotas -vehículos eléctricos, de gas natural y de pila de combustible- y disponer de un abanico de tecnologías que no sólo es deseable, sino también necesario para alcanzar los objetivos.

El precio importa

Animados por los famosos que conducen vehículos eléctricos o el primer campeonato de carreras para coches 100% eléctricos del mundo, la Fórmula E, los conductores de a pie están dejándose seducir por la idea de tener vehículos más eficientes.

Para unos conductores cansados de sufrir impuestos elevados, combustibles caros y atascos, y que son conscientes de las sustanciosas subvenciones públicas, la idea de tener un coche con cero emisiones para la ciudad y un vehículo más grande y de mayor autonomía para disfrutar la conducción en viajes largos está convirtiéndose en una realidad, sobre todo a medida que los avances en la tecnología de las baterías van haciendo posible almacenar más energía por menos dinero (véase gráfico 1).

El lujo en su máxima expresión

Ya no son sólo los vehículos eficientes los que concitan la atención de los consumidores, sino también los que asumen parcialmente (si no totalmente) las funciones del piloto, reduciendo con ello el número de accidentes y el coste de los seguros. Consideramos que la evolución del coche sin conductor se está desarrollando en cuatro etapas.

Comenzó con los sistemas de asistencia avanzada a la conducción (ADAS, por sus iniciales en inglés), que mejoraron la seguridad, pero sólo en el segmento de los coches de lujo (gráfico 2). Actualmente estas tecnologías están llegando al mercado de masas (al menos el 20% de los modelos de 2014 ofrece algún tipo de frenado autónomo como opción extra), por lo que empezaremos a ver vehículos semiautónomos con más o menos funciones de piloto automático (p. ej. estacionamiento automático).

La cuarta y última etapa hará realidad el sueño del conductor de relajarse y hacer otra cosa que no sea conducir con ese tiempo libre recién descubierto. De hecho, como recientemente predijo el futurólogo y científico teórico Michio Kaku durante una Julius Baer Next Generation Summit, muchos de nosotros tendremos vehículos autónomos en nuestros garajes en 2020.

Fabricantes, a merced de los proveedores

En un mundo en el que la tecnología avanza rápidamente para cumplir los exigentes objetivos de emisiones de CO2 y mejorar la vida personal y la seguridad, son las personas (los proveedores) que están detrás de los comple-jos códigos informáticos de quienes terminaremos dependiendo.

Un coche medio actual de gama alta, con todas sus prestaciones avanzadas, tiene siete veces más códigos informáticos que un Boeing 787. En este sentido, el poder se está alejando cada vez más de los fabricantes de automóviles para caer en manos de sus proveedores. Y dado que los coches comienzan a comunicarse entre ellos y con las infraestructuras de las que dependen para evitar accidentes de tráfico y atascos, consideramos que los proveedores de la industria automovilística aumentarán su valor añadido frente a los fabricantes (gráfico 3).

Además, no podemos perder de vista que los proveedores automovilísticos han sido uno de los sectores con mejor comportamiento bursátil desde la crisis financiera, y consideramos que la tendencia va a continuar.

Fuente: eleconomista.es

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