La presión fiscal impidió que el año pasado se produjeran importantes rebajas en el precio de los carburantes en España, al contrario de lo que sucedió en el resto de países europeos. El precio medio de la gasolina se situó en 1,43 euros por litro tras aumentar un 0,5% -un céntimo- en 2013.

La estadística que maneja el Ministerio de Industria es clara. En los países comparables del continente europeo como Alemania, Francia, Reino Unido, Italia o Portugal, el precio de la gasolina registró rebajas de hasta el 5,5% -nueve céntimos-, aprovechando el abaratamiento del crudo y la caída de la cotización internacional de los carburantes.

En lo que se refiere al gasóleo para automoción -el combustible más usado por el parque móvil español-, el precio sí se redujo un 0,5% hasta 1,36 euros por litro, aunque este abaratamiento está lejos del 2,8% registrado en el conjunto de la zona euro, según la misma estadística.

La diferencia de comportamiento entre el precio de los combustibles en España y en Europa parte del componente fiscal que grava estos productos. Las cifras de Industria indican que el consumidor español pagó el pasado año 2,9 céntimos por litro más en el caso de la gasolina y 2,6 céntimos más en el diésel.

Este incremento es consecuencia del aumento del tipo medio del IVA al 21% y la subida de los impuestos autonómicos que gravan estos productos. En cambio, la presión fiscal sobre el precio medio de la zona euro se incrementó en sólo 0,3 céntimos por litro en el caso de los dos carburantes, nueve veces menos que en España.

De esta forma, el porcentaje de impuestos sobre el precio final de la gasolina se situó en el 49,8% y en el 44,5%, en el caso del diésel. En ambos casos el aumento es de dos puntos porcentuales si se compara con el precio medio de 2012. Por tanto, en el primer caso, la mitad del coste de cada litro son impuestos, aunque bien es cierto que España es uno de los países europeos con una menor presión fiscal sobre los carburantes. La media europea es del 56%.

El incremento fiscal impidió que se trasladara al consumidor la reducción del precio sin impuestos de los carburantes que sí se registró en España como consecuencia del menor precio del barril de crudo. Este abaratamiento fue de dos céntimos para la gasolina y tres para el gasóleo. Ambas reducciones también son inferiores a las registradas en la media europea, una situación que las compañías ligan a la suspensión de la exención sobre los biocarburantes que entró en vigor en 2013.

El departamento que dirige José Manuel Soria constata en su informe anual que es «difícil» comparar los precios sin impuestos de los distintos Estados europeos por el diferente tratamiento fiscal que hacen de los biocarburantes y la comunicación de los descuentos de precios a profesionales. Reconocer el principal argumento de defensa del sector supone, en la práctica, tender la mano a las grandes petroleras, a las que hace un año el ministro canario llegó a vincular con pactos de precios y abuso de mercado. La propia Comisión Nacional de los Mercados y de la Competencia (CNMC) mantiene abierto al sector un expediente para estudiar la rebaja general de precios que se producía los lunes, el mismo día de la semana que las compañías reportaban sus precios a Bruselas para la elaboración de la estadística comunitaria.

Al contrario que en España, las principales potencias europeas se beneficiaron de las favorables evoluciones de la cotización internacional de los combustibles y del tipo de cambio del dólar frente al euro. El precio medio en divisa comunitaria del barril de Brent -que condiciona finalmente el precio del surtidor- se redujo durante el ejercicio un 5,8%.

El caso es que el precio de los carburantes en España no para de subir año tras año. La gasolina se encareció un 39% durante la crisis, mientras el gasóleo lo hizo en un 42%. El precio de los carburantes encadena cuatro aumentos interanuales consecutivos, el más brusco, en 2010, del 15,9%.

El aumento fiscal tampoco sirve para aplacar la exigencia de la UE de aumentar los tipos del impuesto especial sobre hidrocarburos, excepcionalmente bajos en España en comparación con el resto del continente. Esto se debe a que tres cuartas partes del incremento fiscal del pasado año está ligado al aumento del tipo medio del IVA al 21%.

Impuestos autonómicos

El resto de la subida se debe al aumento del impuesto especial sobre hidrocarburos en el tramo autonómico.

La mayoría de las regiones ha elevado hasta el tipo máximo de 4,8 céntimos por litro el impuesto sobre estos productos en un intento de estimular sus ingresos públicos. La última en hacerlo ha sido Galicia desde el pasado 1 de enero. Por otro lado, Aragón, La Rioja, Navarra y País Vasco no gravan los combustibles. Madrid tiene un tipo de 1,7 céntimos y Cantabria de 2,4.

El aumento fiscal se produjo en un escenario de fuerte caída en el consumo de ambos productos. La demanda de carburantes cayó un 3,7% en el conjunto del año, según la estadística de Cores.

Fuente: elmundo.es

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