La crisis está pasando factura a casi todos los sectores de la economía del Estado español pero la combinación de una menor actividad, renta disponible más pequeña y elevados precios del combustible ha hecho caer de manera notable el consumo de carburantes, gasolinas y gasóleos.

Tras un recorte de más del 6% el pasado 2012, el inicio del presente año no se ha presentado mejor, ya que el recorte casi llega al 10% para preocupación de las compañías petroleras y de Hacienda. No en vano alrededor de la mitad del precio de las gasolinas son impuestos.

El consumo de gasolina y gasóleo registró en 2012 su mayor caída desde el inicio de la crisis al cerrar el ejercicio con un descenso del 6,3%, hasta los 26,13 millones de toneladas, según la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores). Así, 2007 fue el último año con subidas en el consumo de los carburantes de automoción. Posteriormente, 2008 se cerró con una bajada del 4,1%, seguido de recortes del 5,2% en 2009, del 1,8% en 2010 y del 4,2% en 2011. El consumo ha caído mes a mes desde 2007, salvo una excepción puntual, y los volúmenes actuales son en torno a un 24% inferiores a los de hace seis años y se sitúan en niveles de los años noventa.

Así las cosas parece que cada día que pasa aumenta el número de coches (y camiones) que se quedan en el garaje, máxime si las administraciones siguen con la tesis de utilizar el automóvil como sucedáneo de vaca lechera fiscal, tal y como se demuestra con las continuas subidas de las OTA de turno y de las sanciones de tráfico. El problema es que la vaca ya no da más de sí y la utilización del automóvil sigue cayendo, sin que los sucesivos planes PIVE consigan reactivar las ventas. Esta situación no es nada positiva para Euskadi, donde casi el 20% del PIB tiene relación de una forma u otra con la industria de la automoción y el transporte.

La suma de más desempleo, más impuestos, inflación relativamente alta (o por lo menos superior a la revalorización de los salarios) y un petróleo caro ha sido una losa para los conductores del Estado español, que han reducido de forma drástica su consumo de carburante.

El total de productos petrolíferos consumido el pasado año se situó en el nivel más bajo desde hace una década, en concreto desde 2002, y muestra el notable impacto que la crisis económica está teniendo en el consumo de carburantes. Pero el problema, como recuerdan los empleados de la mayoría de las estaciones de servicio vascas, es que el panorama lejos de mejorar ha seguido empeorando. En los dos primeros meses del presente año, el consumo de gasolinas y gasóleos ha caído a tasas cercanas al 10%, según reconoce el director general de la Asociación de Operadores Petrolíferos (AOP), Álvaro Mazarrasa. Si el análisis de la evolución del consumo se limita a la gasolina sin plomo 95, su cota de ventas ha retrocedido a los ya lejanos niveles de 1999.

Crudo y divisas

Pero la crisis, con su secuela de menor actividad y desempleo, no justifica por sí sola el gran recorte del consumo de gasolinas y gasóleos. Un desencadenante añadido ha sido el encarecimiento de los carburantes, que han registrado fuertes subidas de precio en los últimos meses y que empezaron a acercarse a los máximos históricos, al menos hasta esta pasada semana pues el petróleo ha bajado por debajo de los 100 dólares-barril, en el caso del brent procedente del Mar del Norte que es el de referencia en Europa.

Las empresas petroleras que operan en el Estado español culpan de buena parte del alza de precios en el pasado año a la devaluación del euro respecto al dólar, que superó el 8%. Los últimos datos muestran que el litro de gasolina de 95 octanos se quedó esta semana en 1,40 euros-litro (lejos del máximo histórico alcanzado en septiembre de 2012 cuando llegó a 1,52 euros-litro), mientras que el de gasóleo se movía cerca de los 1,33 euros-litro (el tope histórico fue de 1,44 euros en idéntica fecha).

Aunque en estos momentos las previsiones económicas en Europa apuntan hacia un crecimiento económico muy limitado, por efecto del elevado endeudamiento y de los procesos de consolidación fiscal en marcha en numerosos países, no parece probable un descenso apreciable de los precios de las gasolinas.

El precio del barril de petróleo -muy volátil en los últimos años, tras mantenerse unos meses en el entorno de los 120 dólares por barril- ha bajado a cotas de 100 dólares ante las perspectivas de una menor demanda por la ralentización del crecimiento económico mundial. Pero, pese a la recesión en la zona euro y la debilidad en otras zonas del mundo, la demanda de crudo no cae lo suficiente para arrastrar los precios a la baja gracias al tirón de los países emergentes.

La mayor preocupación de los conductores en el Estado español es que el Gobierno de Mariano Rajoy, agobiado por la caída de ingresos fiscales derivados de la menor actividad económica, quiera aumentar los impuestos que gravan a los combustibles.

Fuente: deia.com

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