Unir las palabras ‘rally’ y ‘ecológico’ parece un sacrilegio –o al menos un oxímoroin–. Sin embargo, el resultado es una competición francamente divertida, en la que puede participar cualquiera sin necesidad de ser un ‘piloto consumado’ y en la que la competitividad está al más alto nivel.

Son emocionantes. También muy divertidos. Y, por si fuera poco, participar en ellos ‘sale’ barato. Nos referimos a los ecorallys, un tipo de prueba que representa casi la mitad de los 13 eventos anuales que contempla la Copa de Energías Alternativas; un certamen internacional organizado por la FIA –la otra mitad son pruebas de resistencia, como la que se realiza durante 24 horas en el trazado norte de Nürburgring–.

Esto es una competición seria: hasta existe un Campeonato de Europa FIA de ecorallys

Es tradición que, como sucede en el Mundial de Rallys, la temporada comience con el Rally Ecológico de Montecarlo en el mes de enero. En España se disputa la cuarta prueba del certamen, bautizado como Vasco Navarro.

En qué consisten

Este tipo de competición se inspira en los conocidos rallys de regularidad, que se celebran con coches clásicos con más de 25 años. El propósito principal es circular manteniendo una velocidad media constante de 49,9 km/h –o la máxima genérica de la vía; y, si un tramo se realiza en un circuito, la velocidad puede ser más alta– consumiendo lo menos posible.

Para tomar parte en un ecorally sólo se necesita un modelo de serie, y no es necesario que esté preparado para competir –nada de jaula antivuelco, baquets, arneses…–; los únicos requisitos que debe cumplir es que sea eléctrico, híbrido, que utilice combustibles alternativos como el GLP, el bioetanol o el gas natural comprimido, o que cuente con una ‘tradicional’ mecánica diesel o gasolina con unas emisiones medias homologadas inferiores a 120 gr/km de CO2. Tampoco hace falta que los ocupantes lleven un montón de costoso equipamiento homologado por la FIA –cascos, monos y ropa interior ignífugos…–. El motivo es que se compite en tramos abiertos al tráfico, por lo que el único requisito es llevar a bordo dos chalecos reflectantes. Eso sí, para participar en un ecorally, debes tener licencia de piloto –basta una estatal, que puedes obtener en la Federación Española de Automovilismo y que ronda los 300 euros– y pagar la inscripción, que sale desde 300 euros más por coche.

Hasta la salida, no te dicen por dónde vas a ir

El recorrido exacto de la prueba es secreto hasta el momento de la salida, que es cuando se entregan los roadbooks o rutómetros en los que se indica cuál es el recorrido y dónde comienzan y terminan los tramos cronometrados. Los vehículos van tomando la salida separados por intervalos de un minuto. A lo largo de cada tramo, la organización establece puntos de control en los que se registra la hora exacta a la que pasa cada participante. Por cada décima de segundo que se adelante o se retrase, se penaliza con 0,1 puntos. Y, al final, gana quien menos penalizaciones suma.
Para guiarse con precisión, los equipos profesionales suelen emplear equipos bastante caros, como el Blunik –ronda los 2.000 euros–, un sistema que le indica al piloto con un código de luces si va demasiado deprisa o despacio. No es obligatorio tenerlos para poder participar… pero, sin ellos, ya puedes ir despidiéndote de la victoria…

La próxima prueba del campeonato es el Eco Rally de Bulgaria –19 de julio–, aunque puedes consultar el calendario de la Copa de Energías Alternativas en la web de la FIA.

Fuente: autofacil.es

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