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En pleno 2015 tenemos unas cuantas alternativas si lo que queremos es respetar al máximo el medio ambiente y reducir nuestra contribución a la contaminación atmosférica. Vamos a ver una lista de tecnologías que son más favorables en ese sentido. Se pueden comprar ya, no voy a plantear nada hipotético.

Empezamos por los coches eléctricos, que no tienen tubo de escape ni producen emisiones locales. Además, son los coches que mejor aprovechan la energía que reciben, por lo que tienen el coste más bajo de utilización, descartando el precio de adquisición y los alquileres de batería. En eficiencia, no hay nada mejor.

Seguimos con los híbridos enchufables o eléctricos con generador, que pueden realizar buena parte de sus desplazamientos con electricidad, sin producir emisiones locales, y hacer trayectos más largos utilizando combustible convencional. Respecto a un eléctrico tienen el lógico inconveniente de un precio más alto, pero no tienen autonomías tan limitadas.

A partir de aquí, ya solo hablamos de coches con motor de combustión interna. El hidrógeno de momento no es una realidad para el consumidor medio, ya vimos en un artículo anterior que los coches de pila de combustible de hidrógeno son todavía demasiado caros, falta infraestructura para repostarlos y las unidades disponibles son escasas.

Seguimos con los coches híbridos, que al tener motores eléctricos como apoyos al motor convencional, se reducen los momentos de baja eficiencia, por lo que las emisiones contaminantes bajan apreciablemente. La gestión electrónica buscará que los motores convencionales trabajen en condiciones más favorables, reduciendo el consumo y la contaminación. Los que menos contaminan usan gasolina.

Una alternativa de menor complejidad técnica la ofrecen los motores convertidos a GLP o GNC. Tenemos modelos nuevos de fábrica con esta tecnología, que no solamente prometen economía por usar combustibles baratos, también tienen una combustión mucho más limpia y reducen mucho la contaminación. También existe la posibilidad de convertir modelos gasolina existentes, si son posteriores a 2001.

¿Y qué hay de los gasolina y los diésel?

La verdad sea dicha, podemos elegir motores más adecuados que otros si lo que queremos es contaminar menos, sin recurrir a tecnologías más costosas o de menor disponibilidad. Lo primero que hay que tener en cuenta es que cuanto menor sea el consumo real, menor será el nivel de contaminación. En otras palabras, aprovechan mejor el combustible en cuanto a mover el coche.

En gasolina, evitaremos los motores de cilindradas inferiores a 1.5 litros con inyección directa y turbo, pues van muy apretados y el TÜV alemán afirma que emiten muchísimas partículas. Es preferible apostar por motores atmosféricos, o que no utilicen inyección directa con turbo.

En cambio, los motores de baja cilindrada sin turbo y con inyección multipunto (indirecta) tienen un compromiso aceptable entre consumo, emisiones y prestaciones. El máximo beneficio es en coches pequeños, si apostamos por algo grande y pesado, el motor irá siempre cansado y tendrá que tragar mucho para moverse.

Respecto a los Diesel, tenemos que elegir una cilindrada correcta, ya vienen todos con inyección directa y turbo. ¿Qué significa correcta? Ni enorme, ni raquítica. En los utilitarios los 1.4 van bien, en compactos los 1.6, los 2.0 en berlinas o familiares. Una cilindrada demasiado baja no ahorra respecto a una superior.

Es importante que el turbo sea VGT, es decir, de geometría variable, dan mejor rendimiento que los de geometría fija: andan más gastando lo mismo, o menos. En gasolina prácticamente todo lo que se vende es de geometría fija. Los biturbo no son los más adecuados para bajar consumos, su objetivo es la potencia.

Fuente: motor.es

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