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El gas natural se posiciona como una de las mejores alternativas al gasóleo como combustible para el transporte urbano e interurbano. Ofrece un notable ahorro de consumo de carburante y una reducción drástica de las emisiones más nocivas, las de óxidos nitrosos, los compuestos de azufre y las partículas sólidas. Y lo mejor es que aunque la infraestructura en estos momentos es muy escasa en España, no requiere una gran inversión.

Tras el escándalo de los motores diesel de Volkswagen, la polémica con las emisiones contaminantes no hace más que crecer cada día. La demostración de que estas emisiones pueden multiplicarse por cuatro con relación a los valores de homologación de los coches ha hecho saltar muchas alarmas y ha puesto en una posición complicada a los motores diesel. Por ello, hay que buscar con urgencia soluciones que permitan una alternativa para los próximos años, para preparar el camino del vehículo eléctrico y del coche movido por hidrógeno, que según todos los expertos es el futuro.

El gas natural lleva años empleándose en todo el mundo, donde más de diez millones de vehículos lo utilizan a diario. En el caso de Europa su implantación es menor, pero hay países en los que se utiliza mucho, como Italia, donde hay un millón de vehículos movidos por gas natural. En el caso de Alemania, está creciendo a fuerte ritmo en los últimos meses y ya ha superado la barrera de los 100.000 coches.

Básicamente, el gas natural es metano (CH4), que es el compuesto más sencillo de la química orgánica, porque solo tiene un átomo de carbono y cuatro de hidrógeno unidos. Y de ahí que en su combustión se reduzcan notablemente, cerca del 85%, las emisiones de óxidos nitrosos. Y también la eliminación casi completa de los compuestos de azufre. Pero también su sencillez química hace que el resto de sustancias nocivas en su combustión se reduzcan, como es el caso de las partículas sólidas, principales culpables de la nube que cubre las grandes ciudades. Y es que proporciona una combustión limpia.

La comparación entre un vehículo de gasóleo y su equivalente movido por gas natural es muy clarificadora. En cuanto a los peligrosos óxidos nitrosos, un vehículo de gasóleo emite lo mismo que cinco movidos por gas, o lo que es lo mismo, reduce en un 80% las emisiones de un vehículo diésel. Si hablamos del anhídrido sulfuroso, S02, que también es bastante dañino para la salud, la reducción, lo mismo que para las partículas sólidas, supone que un vehículo de gasóleo contamina en ambos aspectos lo mismo que 20 coches movidos por gas natural. Es decir, que se reducen en un 95% al usar un coche de gas frente a uno diesel.

Y con relación a los compuestos de carbono, el monóxido CO y el dióxido C02, la diferencia es menor ya que la reducción es de un 25%. O lo que es lo mismo, que cuatro coches de gasóleo contaminan lo mismo que tres de gas.

Aunque la contaminación es una buena razón para apostar por el gas natural, sin duda la clave para que tenga éxito hay que buscarla en la economía de uso. Y en ese sentido este carburante vence por goleada a sus rivales. Con relación a un coche de gasolina, la incorporación de gas natural como carburante reduce hasta en un 50% el coste de utilización del vehículo. Si se trata de uno de gasóleo, la rebaja en coste es de un 30% y si la comparación se realiza frente a uno que emplea GLP (gas licuado de petróleo) entonces la reducción del coste es de un 20%.

A efectos de la conducción, un vehículo preparado para usar gas natural tampoco ofrece el más mínimo problema a su conductor. La conducción resulta más suave y placentera, con menos ruidos, pero sus prestaciones son prácticamente idénticas. Lo normal es que un coche de gas funcione en condiciones normales, cuando tiene gas en su depósito, con gas natural por defecto. Si se acaba el carburante, entonces automáticamente el sistema empieza a funcionar con gasolina. Es decir, que es un sistema completamente dual, con dos depósitos y con la posibilidad de usar uno u otro indistintamente. Por ello, en los coches de gas hay dos indicadores de carburante, uno para el depósito de gas y otro para el de gasolina.

¿Cuáles son las diferencias entre un coche de gasolina y otro de gas natural? Básicamente, un coche de gas parte de uno de gasolina al que se le hace una transformación consistente en instalar un regulador de la presión que es la que actúa a modo de acelerador. En condiciones normales, el gas en el depósito está a 200 bares de presión y este regulador lo inyecta en el motor a menor presión. Cuanta más presión, más prestaciones del motor, pero también más consumo. El regulador es, por ello, el equivalente al sistema de inyección.

Además, al hacer la transformación hay que instalar los depósitos del gas natural y todas las canalizaciones del carburante. Los depósitos son muy resistentes, porque deben llevar el gas a 200 bares de presión. Son de acero, muy gruesos, lo que les da una gran protección en caso de impacto. Estos se montan en el maletero, y estratégicamente posicionados para quitar el menor espacio posible de espacio de carga. Pero también algunas marcas ya ofrecen de serie vehículos de gas, como es el caso de Seat, Volkswagen, Fiat y Opel, como las más destacadas.

Los coches de gas natural son muy seguros. Los depósitos son muy robustos y aguantan fuertes impactos. Además, el gas natural es muy ligero, más que el aire, por lo que si hay una fuga el gas sube y se expande. Con ello, no crea ningún peligro en un garaje, por ejemplo, siempre que este tenga la ventilación adecuada.

El suministro de gas natural en toda España es bastante limitado en estos momentos aunque hay diversos planes para ampliar la red de estaciones de servicio provistas con gas natural comprimido en los próximos años. Pero tiene una gran ventaja y es que si un día no se encuentra un surtidor de gas, siempre se puede seguir circulando con gasolina, aunque entonces nos costará más caro. Pese a ello, en la Comunidad de Madrid hay en estos momentos 9 estaciones con GNC y están en fase de construcción otras seis más, lo que garantiza un suministro aceptable.

El coste para instalar un surtidor de gas natural en una estación de servicio es razonable. Se puede estimar, aproximadamente, en medio millón de euros. Requiere que cerca exista una canalización de gas natural, como la que se empela en las ciudades. A partir de ahí, solo hay que instalar un compresor capaz de aumentar la presión de ese gas natural hasta los 200 bares, a los que se inyecta en el depósito del vehículo.

La Comunidad de Madrid puede ser un buen ejemplo con el que analizar las ventajas que reportaría el empleo de gas natural en los vehículos. En este momento el parque de la Comunidad es de 3.250.000 turismos y otras 575.000 furgonetas. Si solo el 10% de ambos colectivos utilizara gas natural en lugar de gasóleo, las cifras serían espectaculares. Se ahorrarían 71.000 toneladas de CO2, 4.130 toneladas de NOx y otras 770 toneladas de partículas sólidas. Lo mejor es que todos estos ahorros se lograrían con un carburante más barato que el actual para los usuarios. Un ahorro que oscila entre un 30% si el coche es diesel y un 50% si el coche es de gasolina.

Aunque en el futuro parece que los coches se moverán con electricidad producida en el propio coche a partir de hidrógeno, y a más corto plazo mediante electricidad almacenada en baterías dentro del propio coche, sin duda esta alternativa del gas natural es para pensársela.

De momento los que no se lo están pensando mucho son los taxistas de Madrid, que tras dar el paso hacia el Toyota Prius, un interesante híbrido para circular por la ciudad, ahora se han pasado al Prius transformado a gas natural con el que consiguen bajar un 50% el coste de utilización, de los 8 euros cada 100 kilómetros hasta menos de 4 euros para el mismo recorrido circulando con gas natural.

Fuente: elconfidencial.com

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