Con el combustible en máximos históricos, es posible que hayas pensado en cambiar la gasolina por el gas. En esta prueba comprobamos si compensa el aumento de consumo frente a su menor coste y cómo de rentable resulta frente a un diésel o un híbrido. Te presentamos a nuestro protagonista: el Fiat Punto GLP.

Fiat Punto GLP: Así es el sistema bi-fuel

Para producir este automóvil, Fiat transforma un modelo “normal” de la cadena de montaje añadiendo el sistema de alimentación por gas. Las diferencias respecto a su “hermano” de gasolina son:

  • Boquilla de repostaje. Va oculta tras la tapa del depósito de gasolina “de siempre”. Sobre el tapón hay una nueva boquilla, que precisa de un adaptador para conectarse al surtidor de autogás.
  • Depósito de gas. Se trata de una bombona encajada en el hueco de la rueda de repuesto (debido a ello, equipan esta versión con un kit anti pinchazos). Además, se recubre el suelo del maletero con una espuma aislante. En el centro del depósito van montados la válvula que permite circular el gas y el aforador.
  • Conductos de gas. Se extienden por el suelo del coche hasta el expansor en el vano motor. No se ven a simple vista.
  • Expansor y filtro de gas. Ubicados en el vano motor. El filtro es el único elemento que tiene mantenimiento y se cambia cada 80.000 km.
  • Rampa de inyección e inyectores. Alojados en el colector de admisión. En este motor, al ser de inyección indirecta, son perfectamente visibles y producen un ruido muy característico.
  • Centralita de inyección. También está en el vano motor. Se encarga de calcular la inyección de gas y de transmitir al display del cuadro de mandos la información sobre la cantidad de combustible en el depósito y el modo de funcionamiento.
  • Conmutador de modo. Es una tecla en la consola central. Al pulsarla, cambiamos la alimentación por gas a gasolina o viceversa. Un piloto rojo nos indica si estamos en modo gasolina, además de un símbolo en el display del cuadro de mandos.
  • Display informativo. En el ordenador del Fiat Punto aparece un gráfico con 4 barras que indica el nivel de gas en el depósito. Si sobre las letras GLP se muestra el símbolo de un surtidor de gasolinera, estamos funcionando en modo gasolina. Con él apagado, consumimos sólo gas.

Podemos pasar de gas a gasolina -y viceversa- en cualquier momento, salvo cuando el motor está frío o hemos agotado el depósito de gas.

El motor se enciende siempre con gasolina, hasta alcanzar los 40ºC. En ese momento, pasa automáticamente a gas, salvo que hayamos seleccionado lo contrario con el conmutador.

Así se reposta GLP

Repostar gas es un poco engorroso la primera vez. El manual del coche no lo explica,

  1. Abrir la tapa de la gasolina.
  2. Desenroscar el tapón de la boquilla de gas.
  3. Enroscar el adaptador a la boquilla de gas.
  4. Descolgar la manguera del surtidor, enchufarla en el adaptador y apretar el gatillo. Una vez asegurada la manguera al adaptador, podremos repostar.
  5. Apretamos la “seta” verde del surtidor hasta alcanzar la cifra seleccionada. Si quieres llenar, no te preocupes, la propia contrapresión del depósito parará el suministro cuando esté “a tope”.
  6. Para soltar la manguera, apretamos de nuevo el gatillo con el fin de liberar el retenedor. Ojo: al hacer esto, el gas que se ha evaporado en la boca de la manguera provoca una especie de retroceso y se pulveriza un poco a la atmósfera.
  7. Colgamos la manguera en el surtidor, retiramos y guardamos el adaptador de la boquilla, enroscamos la tapa y listo.

Todo lo demás es como en cualquier Fiat Punto, incluida la capacidad del maletero, que no se ve alterada en lo más mínimo.

El día a día con el Fiat Punto GLP

La segunda pregunta que hace todo el mundo después de ¿y no es peligroso llevar gas en el maletero? es: ¿dónde puedes repostar?. Por desgracia, en España el uso del GLP para particulares hace muy poco que está permitido y, para adornar el pastel, tampoco se ha promocionado como debería (a lo mejor tiene algo que ver el hecho de que se recauda mucho menos en impuestos con este combustible que con los tradicionales). Esto ha provocado que no abunden los surtidores en los que se puede rellenar nuestro coche. Afortunadamente, es una situación que está cambiando.

Mi Fiat Punto GLP lleva un depósito de 50 litros. Como el gas licuado necesita de un volumen libre en el que expandirse para mantener la presión, de los 50 litros de volumen total, podremos llenar 40 con el gas licuado y dejar los otros 10 para la expansión, lo que mantiene constante la presión en el depósito. Esto me proporciona una autonomía de unos 400 km. Afortunadamente, la distancia máxima entre “gas-lineras” en la península es menor, así que podré realizar mi viaje sin problemas (o, al menos, eso creo sobre el papel).

Mi ruta empieza en Madrid, pasa por Toledo y termina en Vigo. En total son casi 900 km que tendré que partir en etapas de 400 km como máximo. Miro la lista de estaciones de servicio que disponen de gas en España; con esta información, me planteo el viaje. Salgo con el depósito lleno de la capital y, al regresar de Toledo, decido parar en el kilómetro 21 de la A6, a la altura de Las Rozas, con el fin de llenar de nuevo. Desde allí hasta Vigo parece que me han leído el pensamiento y hay una gas-linera justo en la mitad del recorrido, cerca de Benavente: la E.S. Dibujas Camino de Santiago, carretera de Alcubilla, kilómetro 1,6. Desde allí podré llegar a Vigo, donde cuento con 3 estaciones de servicio para llenar de nuevo. En total, he consumido una media de 9,3 l/100km y me he gastado un total de 42 euros en combustible. Todo un récord de economía.

Un consumo de más de 9 litros en un utilitario como el Punto puede parecer elevado… y lo es, pero no por culpa del GLP. Midiendo el gasto de gasolina en el mismo recorrido, el resultado es casi un litro menor. La razón está en que el motor del Punto no tiene mucha potencia, lo que provoca que para mantener los 120 km/h haya que forzarlo bastante, tirando de un desarrollo muy corto con el propulsor por encima de las 3.500 rpm. Si en marcha conmutamos de gas a gasolina para ver si hay diferencia en la respuesta de la mecánica, lo único que cambiará será el display del cuadro y el sonido de la electroválvula que va en el maletero. No se aprecia la menor modificación en la potencia y comportamiento del motor.

El Fiat Punto GLP, en la pista de pruebas

La verdad es que no hay mucho que contar en este apartado: las diferencias entre el Fiat Punto GLP y cualquier otro Punto son mínimas. Los tiempos conseguidos rodando con gas y con gasolina son exactamente los mismos, lo cual confirma que las pérdidas de potencia son mínimas. Lamentablemente, no dispongo de dinamómetro para comprobar las curvas de potencia con uno y otro combustible. Tampoco el circuito cuenta con una recta que me permita alcanzar la velocidad máxima del coche y así comparar para ver si hay diferencias. En este trazado importa más el par y los desarrollos que la potencia máxima, y ambas cifras son idénticas con GLP y con gasolina.

Los kilos de más que supone la instalación del sistema de GLP no ha provocado diferencias notables de comportamiento. Lo más pesado es el depósito de gas, pero al ir ubicado en una posición tan baja y centrada no afecta demasiado a las reacciones del coche, más limitadas por potencia que por chasis.

El Fiat Punto es un coche noble y bastante seguro, pese a carecer de ESP. Las reacciones son predecibles y progresivas. El tamaño de los neumáticos y el tarado de las suspensiones está muy bien elegido para las prestaciones de esta versión, que sólo se arredra ante las fuertes pendientes, debido a su limitada potencia.

Conclusión

Llenar el depósito de combustible con menos de 30 euros es algo que no conseguía desde bastante antes de que desapareciesen las pesetas. Repostar con el Fiat Punto GLP es algo más engorroso que en otros coches, eso sí, pero el ahorro merece la pena: el consumo sube aproximadamente un 10%, pero, como cuesta un 50% menos, sigue compensando. El coste por kilómetro recorrido ha sido de 7 céntimos. Para hacernos una idea, es más o menos la misma cifra que he obtenido con un modelo diésel de consumo mucho más bajo -alrededor de los 5,5 litros-, pero con 92 CV y un coste de adquisición 4.000 euros mayor (y con una mecánica mucho más complicada y sensible a las averías). Ni siquiera he conseguido ese gasto por kilómetro con modelos híbridos.

Este Fiat Punto está penalizado por su potencia a la hora de afrontar largos viajes por carretera. Posee unos desarrollos de cambio muy cortos para que sus 70 CV nos permitan movernos con cierta soltura, pero a una velocidad constante de 120 km/h el motor supera siempre las 3.500 rpm, algo que dispara los consumos en carretera por encima de los 9 l/100 km. Un modelo con algo más de fuerza iría “más holgado” y se podría registrar un gasto de combustible menor.

En ciudad, con el propulsor más bajo de vueltas, los consumos se han quedado en unos 7,5 l/100 km, con un coste por kilómetro de auténtico mechero.

Yo lo tengo claro: si buscas un modelo urbano, es una opción perfecta. Para salir a carretera deberás buscar una opción más potente que permita viajes más desahogados, pero, sin duda, merece la pena frente a mecánicas diésel e incluso híbridas.

Fuente: autocasion.com

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