El barril de Brent, de referencia en Europa, tocó suelo el pasado 20 de enero cuando bajó de 28 dólares. Desde esa fecha inició un rally alcista que le ha llevado a apreciarse un 29% en las siguientes cuatro semanas. Y eso ha tenido un efecto directo en el precio del gasóleo, el combustible consumido por el 70% de los vehículos en España, que ha encadenado dos semanas consecutivas de subidas de precios. En concreto, la última semana de febrero, el precio medio de venta al público subió a 0,929 euros en España, según los datos del Boletín Petrolero que publica semanalmente la Comisión Europea. Todo lo contrario que la gasolina de 95 octanos, que ha seguido el camino inverso. El litro de gasolina se ha abaratado por cuarta semana consecutiva y cerró el mes de febrero, con un precio medio de 1,065 euros.

Si el análisis se realiza comparando los precios de los últimos doce meses, la gasolina se ha abaratado un 14%, mientras que el precio del gasóleo ha bajado un 21%. Estos retrocesos quedan lejos de la depreciación sufrida por el barril de petróleo, que en ese mismo período ha pasado, medido en euros, de 61 a 36,6 euros, lo que supone una caída del 40%. Esta diferencia entre la caída del petróleo y de los combustibles está relacionada con el creciente peso de los impuestos dentro de los carburantes. En España, el 61% del precio de venta al público de la gasolina son impuestos, mientras que el porcentaje baja al 57% en el caso del gasóleo. Esa parte del precio es fija y no oscila en función del barril de petróleo, por lo que las variaciones del crudo solo afecta a la parte restante.

Pese a lo elevada que parece la cifra sobre el total del precio, España es uno de los países de la Unión Europea con menor carga impositiva sobre los carburantes. En el caso de la gasolina, la media se sitúa en el 70%, nueve puntos más que en España, mientras que el del gasóleo es del 65%, ocho puntos más. Esta es la razón que explica que la gasolina en España tenga uno de los precios más baratos en la UE, tan solo por encima de Austria, Bulgaria, República Checa, Estonia, Luxemburgo, Hungría, Letonia, Polonia y Rumanía. La diferencia de precios de venta al público respecto al resto de socios europeos es aún más evidente en el gasóleo, ya que solo hay seis países en el que ese combustible es más barato (Bulgaria, República Checa, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Polonia). Sin el peso de los impuestos, el precio de España es uno de los más caros en la UE.

Fuente: cincodias.com

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