El mismo gas que enciende los fogones de la cocina o alimenta la calefacción de su vivienda también es capaz de propulsar el coche que le traslada a diario al trabajo. Alternativa a los combustibles tradicionales -y azote de los precarios vehículos eléctricos-, el transporte a gas -natural o derivado del petróleo- goza de gran aceptación en Europa y América Latina, pero apenas es testimonial en España. El desconocimiento generalizado de estas tecnologías, unido a una red de estaciones de servicio todavía limitada, están obstaculizando su expansión. Aunque la crisis parece haber dado el empujón definitivo para el despegue de este sector al alza.

El ahorro no es una cuestión menor en este caso. Se trata del principal atractivo para el ciudadano, un alivio para el bolsillo. Según explica el director general de Energía, Antonio Cejalvo, los costes se reducen de media entre un 20% y un 40%. Es así porque, en primer lugar, los vehículos presentan un consumo ajustado, sobre todo en el caso del Gas Natural Comprimido. Por ejemplo, SEAT acredita que su nuevo León GNC es capaz de recorrer 555 kilómetros con sólo 20 euros. Pero, además, el precio del combustible resulta muy competitivo. Alrededor de 0,80 euros por kilo, 20 céntimos menos que el litro de diesel.

Para optar a esta tasa de ahorro es necesario efectuar, sin embargo, una inversión previa. En la actualidad, ya existen vehículos de serie dotados con esta tecnología, si bien la variedad es aún limitada. En el caso del GNCse restringe prácticamente a marcas de los grupos Volkswagen y Fiat, con ensayos aislados de otros actores como Mercedes y Opel. Su coste, según el director general de la Fundación Gas Natural, Martí Solà, no es necesariamente mayor que el de un vehículo convencional: “De hecho, en algunos casos es equiparable al de un diesel, o incluso inferior, dado que algunas autonomías otorgan ayudas”. Desde este ejercicio, el propio Gobierno incluye subvenciones específicas se pueden sumar, además, al plan PIVE. En total, se puede ahorrar 3.500 euros.

La mayoría de los usuarios, sin embargo, optan por una vía distinta, la de la modificación de su vehículo en un taller especializado. Desde que arrancara la crisis, la transformación de coches se ha multiplicado. La mayor parte opta por el conocido como autogás, el Gas Liquado del Petróleo (GLP), menos eficiente y limpio pero con una implantación superior en las gasolineras.

No es la única opción en el mercado. El gas natural comienza ahora a despuntar en España tras años usándose en el transporte público. En ambos casos, el coste de adaptación rondaría los 2.000 euros. Desde la óptica medioambiental, sólo los coches eléctricos mejoran sus registros. Aunque no son 100% limpios, sus emisiones de gases son muy inferiores a los de otros combustibles fósiles. “El GNC, que es el más respetuoso, no sólo carece de plomo ni azufre, sino que reduce un 95% las partículas y rebaja un 30% el CO2”, explica Cejalvo. En el caso de los óxidos de nitrógeno, expulsa a la atmósfera diez veces menos que un diesel.

Según las estimaciones de NGVA (siglas en inglés de la asociación de Vehículos de Gas Natural para América), los automóviles GNC alcanzarán en todo el planeta los 50 millones en 2020 y al menos el doble la siguiente década. En la actualidad, ya hay 20 millones de coches propulsados por gas natural. Destaca Irán, con 3,5 millones; Argentina (2,3 millones), Brasil, China o India (en torno 1,5 millones cada uno). En Europa, Italia lleva la delantera, con alrededor de 900.000, seguida de Ucrania (400.000) y Alemania (100.000). España se sitúa en el furgón de cola: apenas son 4.500, el 74% vehículos pesados.

La irrupción de estos combustibles alternativos permite reducir la dependencia del petróleo. Las reservas actuales de gas garantizan el suministro durante al menos 60 años, aunque según la Agencia Internacional de la Energía podrían alcanzar los 250 años si se contemplan las reservas estimadas.

Fuente: elmundo.es

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