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El candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, Antonio Miguel Carmona, se comprometió, en el caso de ganar las elecciones de mayo, a la “supresión o limitación de los vehículos diésel en la ciudad con el horizonte en 2020, en línea con lo decidido por el Ayuntamiento de París”.

Recordemos que la alcaldesa de la capital francesa, Anne Hidalgo, también del partido socialista, expresó hace un mes que quiere el final del diésel para 2020. No tardó, no obstante, en matizar que habría que estudiar “excepciones”. De hecho, días antes de su anuncio, un informe desvelaba, en un episodio de alta contaminación, en las calles de París se respiraba el mismo aire que con ocho fumadores en una habitación de 20 metros cuadrados.

En Madrid no se ha hecho un análisis similar, pero las mediciones oficiales señalan que la capital sufre en enero niveles muy por encima de lo saludable. Londres, por su parte, ha aprobado un plan de ayudas económicas para desterrar los vehículos diésel.

La contaminación la provocan los ciudadanos que usan el coche a diario en sus desplazamientos y, singularmente, los que conducen vehículos diésel antiguos. De los muchos contaminantes que hay, Madrid únicamente rebasa el límite legal impuesto en 2010 por la Unión Europea en uno, el dióxido de nitrógeno, originado en su práctica totalidad por los motores de gasóleo. La responsabilidad del Ayuntamiento es, por lo tanto, limitar el tráfico de esos vehículos para evitar los riesgos de salud asociados a la contaminación. Recalquemos que la Organización Mundial de la Salud atribuye a esta causa una de cada 20 muertes.

La alcaldesa madrileña, Ana Botella (PP), que entre 2007 y 2011 fue edil de Medio Ambiente, ha adoptado una serie de medidas, pero tanto la oposición (liderada por el socialista Jaime Lissavetzky) como Ecologistas en Acción las ven insuficientes. La principal, en vigor desde julio, es el recargo del 20% a los coches más sucios por aparcar en el área regulada con parquímetros. El balance municipal es positivo: la contaminación anual media ha bajado de 45 a 35 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno entre 2011 y 2014. Asimismo, el año pasado, 6 de las 24 estaciones de medición rebasaron el límite anual permitido por la UE, frente a las 15 de 2011.

Fuente: gasvehicular.org

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