¿Cómo influye la velocidad en los índices de contaminación?

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La reducción de la velocidad máxima, tal y como acaban de hacer en Madrid, es una de las primeras medidas que adoptan desde las administraciones para intentar reducir los índices de contaminación.

Pero esta variable sólo influye en determinadas circunstancias y en determinados vehículos, por lo que, si hablamos de un vehículo moderno (posterior a la normativa euro 4), los expertos afirman que el índice de emisiones de NOx prácticamente no varía en un rango de velocidades entre 60 y 90 km/h. Sí se nota más repercusión, por ejemplo, en el consumo del vehículo, las emisiones de partículas, y de CO2.

Según el Estudio sobre la gestión variable de la velocidad en las vías de acceso a las áreas urbanas, realizado por el Grupo de Investigación en Ingeniería de Carreteras, Instituto del Transporte y Territorio (Departamento de Transportes, Universidad Politécnica de Valencia) para la Cámara de Comercio de Barcelona, las emisiones de contaminantes locales presentan «patrones parecidos en función de la velocidad, pero en todos los casos las mejoras técnicas de los vehículos se han traducido en una reducción significativa de las emisiones». Este estudio recoge que estas emisiones presentan muy poca sensibilidad a la variación de velocidad entre 60 y 90 km/h, aún más manifiesta en los nuevos modelos de vehículos, tanto de gasolina como diésel.

Las emisiones de óxidos de nitrógeno sí aumentan significativamente con la velocidad en los vehículos de tecnología anterior a Euro 1. En el caso de los vehículos más modernos, el rango de velocidades para el que las emisiones presentan poca sensibilidad a la variación es mucho mayor.

Incluso los vehículos con tecnología Euro 4 presentan unas emisiones mínimas a una velocidad de 110 km/h y las emisiones a 80 km/h son superiores a las que se dan a 130 km/h.

Según ha explicado a ABC.es Francisco Paz, director proyectos de PONS Seguridad Vial, los vehículos son más sensibles a la aceleración que a la velocidad media, por lo que tanto el consumo como las emisiones contaminantes «se incrementan si conducimos de manera agresiva, dando acelerones y frenazos, o cada vez que paramos y arrancamos en un semáforo».

Para este experto en materia de movilidad, existen gran cantidad de «pequeños factores» que sumados harían que nuestros vehículos consumiesen bastante menos, y por lo tanto, «también contaminasen menos».

Uno de los ejemplos que nos da Francisco Paz es la presión de los neumáticos. «Una presión incorrecta puede hacer que el consumo de nuestro coche aumente en un 3%, y la realidad es que 7 de cada 10 conductores conduce con la presión incorrecta». Está demostrado que, debido a las características del caucho – que es un material poroso – en un mes «podemos llegar a perder 1 kilo de presión». Y otra de las realidades es que normalmente solo revisamos la presión cuando nos disponemos a hacer un viaje en vacaciones.

Desde PONS seguridad Vial Francisco Paz también destaca la influencia en la contaminación de llevar un motor mal regulado, cada vez más habitual debido a las consecuencias de la crisis económica. «Algo tan simple como un filtro de aire en mal estado puede hacer que estemos gastando hasta 5 euros de más en cada depósito», asegura.

La climatización del coche es otro de los factores a tener en cuenta. «Si llevamos el aire acondicionado a 23-24 grados en vez de llevarlo a 20 el ahorro va a ser muy considerable». Se puede decir que «el aire acondicionado es el gran ladrón de potencia de nuestro coche». Al igual que el llevar o no las ventanillas bajadas. «Si superamos los 60-70 km/h puede llegar a aumentar nuestro consumo en un 5%».

Ante esta situación, Francisco Paz sugiere una serie de medidas alternativas a la reducción del límite de velocidad, aunque este sí pueda contribuir a la reducción de emisiones contaminantes en los vehículos con más años.- «Si yo fuera alcalde -asegura- lo primero que abordaría sería la necesidad de contar con una red de transportes públicos verdes». Y con esto no solo se refiere solo a la utilización de vehículos con combustibles alternativos. También tiene que ver con «la necesaria formación de los conductores, de los autobuses y de los taxis, que en muchos casos realizan un tipo de conducción agresiva, que en nada contribuye a mejorar la calidad del aire de nuestras ciudades».

Fuente: abc.es

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